martes, 20 de octubre de 2020

ACTIVOS, PROACTIVOS Y REACTIVOS

 

Los comportamientos individuales determinan el funcionamiento de los equipos y el éxito de la gestión. La distinción entre ser reactivo o proactivo adquiere relevancia, por cuanto permite enfocar mejor los esfuerzos hacia la solución de los problemas.

Las personas proactivas tienen iniciativa propia, suman, hacen que su labor valga la pena y que su tiempo sea aplicado convenientemente en llevar adelante los asuntos.

 

También toman decisiones, participan en un sentido colaborativo y promueven una gestión de calidad.

Por el contrario, aquellas personas reactivas tienen dificultades para asumir sus errores, demoran encarar las soluciones, suelen echar la culpa a los demás, se excusan y están “con el termómetro recalentado” a cada momento. Como no se hacen cargo, molestan y son altamente contraproducentes para los demás, en todos los niveles.

¿Conoces personas así, en uno u otro lado?

·         Características de las personas proactivas versus reactivas

Si bien el rasgo de la iniciativa es uno de los más sobresalientes, quienes son proactivos hacen que las cosas funcionen. Para lograrlo, combinan tres aspectos:

. Una elección consciente: piensan, procesan y escogen sólo aquello que suma, dejando de lado todo lo que no es relevante.

. Una actitud apropiada: lejos de saltar por cada problema que se presenta, tiene el temple interno suficiente para encarar las situaciones enfocándose en la solución, no en el problema.

. Inteligencia emocional ante cada situación: buscan crear un entorno apropiado que facilite la resolución de los conflictos y atravesar las dificultades. Generan respeto y confianza.

Características básicas proactivas: empatía, comunicación asertiva, entendimiento, cercanía, búsqueda de respuestas, indagación consciente, cordialidad, tiende puentes, busca puntos en común.

En oposición, las personas reactivas, a su vez, se expresan permanentemente alternando estos tres comportamientos:

. Sobredimensionan las emociones tóxicas: las reacciones desbordadas son típicas, provocando que los colaboradores les huyan y que, incluso, generen miedo.

. No toman acción y entran en una falsa distracción: el estallido emocional les impide ver con claridad el curso de acción, y su nivel de responsabilidad en el asunto.

. Se enfocan en el problema: la persona reactiva mira solo el desafío; le “parece” que está haciendo algo al reaccionar, aunque no genera nada nuevo. Crea desconfianza y produce alejamiento con el entorno, además de dilatar la resolución de temas.

Características básicas reactivas: descontrol, eludir el involucramiento personal, responsabilizar a otros, desprecio, enojo, ira, inacción, crean más problemas, estrés, maltrato; rebeldía que se manifiesta en inacción (no producen nada nuevo ni superador).

·         Dinámica del círculo de influencia

Como somos seres sociales, se establecen ciertas dinámicas de vida en cualquier ámbito determinadas por el entorno. Dentro de él, es que existe el llamado círculo de influencia.

El círculo de influencia es tu espacio personal en el que te centras para operar los cambios. Básicamente hay dos formas de hacerlo: centrado todo en ti (mirarse el ombligo todo el tiempo), o centrado en la solución (efecto expansivo).

La persona proactiva se centra desde si en hacer su mejor aporte hacia los demás, quedando satisfecha con el resultado. Proyecta su acción hacia el bien mayor. En cambio, el reactivo se centra siempre en sí; la única perspectiva que vale es la suya; cree que su mirada es la más valiosa; y busca que todo gire a su alrededor.

Una persona reactiva deteriora su posibilidad de acción hacia el bien mayor, buscando quedar falsamente realzado con su reacción negativa.

 

·         Algunas definiciones de proactividad

En prácticamente todos los perfiles de búsquedas laborales aparece la noción de “proactividad” como un valor esencial. El autor Ralph Schwarzer lo asocia con la creencia de una persona en el poder que tiene para mejorarse a sí mismo, con cierta sensación de suficiencia y control bien entendido para liderar los problemas. En una mirada coincidente, el especialista en productividad Stephen Covey lo asocia con la capacidad de auto liderarse con todo lo que hace falta. Bateman y Crant hablan del concepto de ser un agente de cambio, ya que el enfoque de las personas proactivas es el de la mejora continua.

·         Cómo cambiar de reactivo a proactivo

Para tomar consciencia del comportamiento reactivo y cambiar hacia la polaridad de proactivo, es posible seguir estos tres consejos.

1.    Evita accionar en caliente

Desde la práctica conductual es fundamental frenar a tiempo y no dejarse llevar por impulsos. Tomar pausas, no dar respuestas inmediatas en asuntos complejos, advertir al otro cuando se está en proceso convulsionado emocionalmente, son todas herramientas que ayudan a un sano auto control. El resultado será obtener mayor calma para resolver los problemas; no deteriorar los vínculos y empezar a observarse como un co-creador responsable de todo lo que deba afrontarse.

2.    Utiliza lenguaje opuesto al usual en modo reactivo

Esta distinción es fundamental, ya que, siempre, puedes elegir la respuesta. Cambia tu lenguaje y cambiarás tus resultados. Las personas reactivas dicen frecuentemente: no puedo hacer nada, yo soy así, no entiendo como…, tengo que hacer todo yo, no puedo, debo hacer tal cosa, es imposible.

En cambio, el lenguaje proactivo es completamente diferente y se enfoca en hacer su parte del asunto:  veamos qué alternativas tenemos, controlaré mis emociones, buscaremos las palabras apropiadas, elegiré una mejor respuesta, voy a hacerlo paso a paso, propondré este cambio.

 

3.    Haz cosas diferentes, actuando de maneras distintas todo el tiempo

Es posible elegir ser proactivo si se actúa de una manera diferente. Lo importante es tener la conciencia en el momento apropiado, para reencauzar la emoción negativa en automático -típica de la reactividad-, y conducirla a un estado diferente. Como la mayoría del tiempo estamos en el modelo ACCIÓN / REACCIÓN, será muy importante generar un link interno apropiado ante la ACCIÓN para evitar que la REACCIÓN sea desproporcionada y emocionalmente distorsionada. En vez de sobre reaccionar, la propuesta es asumir un proceso interno profundo para reconducir las emociones dominantes hacia otras más positivas. Herramientas para lograrlo: salir de la zona de confort; pensar fuera de la caja; analizar el propósito mayor de lo que desea ser resuelto; tomar conciencia del estado interno en estado de reacción, y cómo quisiera estar en modo proactivo (seguramente, más sereno, calmo, abierto y empático).

 

NO DEJES PARA MAÑANA…

 

La frase, remanida y hecha cliché, sigue vigente a la hora de ponerle un punto final a la costumbre de procrastinar las tareas: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”.

 

Y surge como una regla básica para cambiar los malos hábitos, porque la procastinación es un enemigo de la productividad e impide aprovechar todo el potencial de cada uno.

Antes de empezar es recomendable definir los objetivos. Y saber organizar el tiempo. Cuando uno trabaja tiende a tener múltiples tareas y objetivos. Lo recomendable es ponerle horario a casa actividad o tarea y cumplirlo. Claro que también es importante establecer un orden de importancia entre ellas, de lo más importante a lo menos.

Para bajar el nivel de procastinación, siempre es bueno recomendar buenas prácticas. Aquí una lista de diferentes estrategias, algunas simples y otras no tanto, que combinadas o independientes pueden ayudar:

1. Utiliza la “Regla de los Dos Minutos” que dice que si estás planificando una acción que se puede hacer en menos de dos minutos, no la planifiques; hazla. Puedes extender ese tiempo a 5 ó 10 minutos. Si haces de esta regla un hábito, habrá una multitud de tareas que no vas a tener la oportunidad de posponer.

2. Da un pequeño primer paso. Si temes a una tarea por el motivo que sea, plantéate trabajar solo 5 minutos y dejarlo. Cuando empiezas a trabajar el miedo se desvanece y coges inercia para continuar y terminar el trabajo. Al dar el primer paso vences esa resistencia y empiezas a ver de otra manera cosas que antes te parecían imposibles.

3. Las rutinas ayudan. Si conviertes las tareas repetitivas y aburridas en rutinas, terminarás haciéndolas sin apenas esfuerzo. Las rutinas son hábitos o costumbres que haces de forma casi inconsciente y simplifican tu vida.

4. Toma decisiones. Muchas veces vas aplazando una tarea inconscientemente, simplemente porque no te paras a pensar en ella. Dedica un par de minutos para aclarar qué significa realmente esa tarea y toma una decisión al respecto. Puede que decidas demorarla de una manera racional, en cuyo caso no estás procrastinando y no te sentirás mal por ello.

5. Aprende a decir no. Apuesto a que muchas de las tareas que pospones son compromisos que te has buscado por no saber decir que no.

6. No tengas miedo a abandonar. Puede que no sea el momento de hacer algo. A veces creemos que tenemos que hacer algo simplemente porque lo hemos empezado. Si el tiempo hace que ese proyecto ya no tenga tanto sentido o no sea lo suficientemente importante, simplemente déjalo y haz otras cosas. Esperar no significa.

7. Gestiona tu energía, no tu tiempo. Es importante que trabajes en tus mejores momentos. Si estás agotado o de mal humor, tus probabilidades de procrastinar aumentan considerablemente.

8. Establece una recompensa para cuando termines esa tarea que se resiste. Motívate pensando en lo que harás después de hacerla—algo que realmente te apetezca, te relaje y no suponga ningún esfuerzo. Define tus propios incentivos.

9. Utiliza una lista de tareas corta. Una lista larga puede arruinar tu sensación de control y convertirse en una fuente de estrés y frustración. Cuanto más corta sea tu lista de próximas acciones más fácil te resultará estar focalizado en lo que de verdad tienes que hacer.

10. Utiliza herramientas que te gusten. No quieras hacerlo todo con una hoja de papel y un lápiz. Usar elementos atractivos puede ayudarte a empezar con más ganas una determinada tarea.

11. Revisa regularmente tus objetivos. Si una tarea es complicada, incierta o aburrida, pero es importante para lograr un objetivo siempre presente esa meta debería ayudarte a no procrastinar.

12. Evita las distracciones. Cuantas más tentaciones tengas para hacer otra cosa en vez de lo que tienes que hacer, más fácil será procrastinar. Mantén el móvil, las notificaciones y el acceso a internet desconectados cuando te dispongas a afrontar tareas complicadas.

 

 

MINDFULNESS

 

Mindfulness fue traducido al español de muchas maneras: Atención/Conciencia Plena; Mente Plena; Presencia Mental, entre otras.

Para el Dr. Jon Kabat-Zinn, es “prestar atención de manera intencional, al momento presente, sin juzgar”.

Suena fácil y lo es porque no es más que esto. Su desafío reside en el compromiso a practicarlo. El Mindfulness es una práctica, es decir que no sucede por sí sola, automáticamente. Lo debemos hacer y aquí lo “intencional” que menciona la definición de Kabat-Zinn. Hay que comprometerse a hacerlo y con el tiempo se vuelve sí parte de nuestra manera de vivir, se vuelve una filosofía de vida.

Es un proceso activo que requiere energía y esfuerzo hasta que se vuelve familiar y un hábito. “Prestar atención” significa indicarle a la mente que se enfoque en algo en particular; y en la práctica del Mindfulness esto es en la respiración o en las sensaciones del cuerpo usando los cinco sentidos. Esto funciona como anclaje de la atención. ¿Por qué la respiración y las sensaciones corporales? Porque es lo que existe en este instante.

Aprendemos así a reconocer y ponerle nombre a lo que está sucediendo en nuestras vidas aquí y ahora, en el momento presente. Tomamos conciencia y conocimiento de nuestra realidad; de lo que sentimos y pensamos saliendo del piloto automático para vivir una vida equilibrada y coherente atendiendo de forma integral al cuerpo, mente y espíritu.

La práctica sostenida del Mindfulness nos ayuda a recuperar los sentidos, la capacidad de percibir y vivir experiencias más enriquecedoras tomando un rol activo en el proceso de mejorar la calidad de nuestra vida.  Disminuyen los niveles de ansiedad y de estrés que generan gran cantidad de enfermedades hoy. Permitirnos estar donde ya estamos y familiarizarnos con nuestras propias experiencias presentes, momento a momento. Porque “solo tenemos momentos para vivir”.

El Mindfulness no intenta cambiar ningún estado sino conectar con él, ponerle conciencia a eso que siento y si mi atención permanece ahí, los estudios han demostrado que esa sensación o dolor disminuye o desaparece y así también aprendo que todo fluye, va y viene y nada es para siempre. Que no se trata de evitar sino de estar con eso que percibo.

Y solo existe el momento presente, el pasado ya sucedió y es un recuerdo; el futuro aún no ha llegado; es más nunca llega porque cuando lo que soñé o planifiqué llega, se da en el momento presente sino no existiría más que en un deseo o una lista.

Lo único real es este momento al que anclamos con una inhalación y exhalación o las sensaciones corporales. Si no estoy presente, en eje, en mi propia piel viviendo y aceptando quién soy, mis fortalezas y flaquezas no puede habitar la coherencia para liderarme y liderar a otros.

Interpreto a la sustentabilidad como un estado que logro cuando mi mente, cuerpo y espíritu están alineados; o en otras palabras lo que pienso, siento y hago está alineado, hay coherencia. Entonces sí, es en ese momento donde todo lo que hago es auténtico y perdura, se sustenta.

El Mindfulness es una disciplina contemplativa, ancestral que se practica desde hace miles de años en culturas orientales. Con base científica; Kabat-Zinn, biólogo molecular y médico estadounidense, adaptó lo que tomó del budismo y el yoga a lo que hoy conocemos en occidente como Mindfulness, separando la religiosidad o misticismo para que sea compatible con nuestro contexto de vida occidental y sus beneficios lleguen a todos y sean aplicados en todos los ámbitos de la vida.  El fue quien a fines de los 70 impulsó en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts, la Clínica de Relajación, que luego se llamara Clínica de Reducción de Estrés basada en Mindfulness y desde allí difundió su programa MBSR (Mindfulness Based Stress Reduction) a todo el mundo.

Kabat-Zinn propone una práctica formal diaria de unos 40’ y prácticas informales cortas donde se lleva la atención a situaciones cotidianas como caminar, lavarse los dientes, escribir un informe o simplemente escuchar.  Personalmente, hoy solo practico las informales porque siento un enorme beneficio en vivir recordándome de estar presente en todo momento.

Esta es realmente la esencia del Mindfulness o atención plena.  La atención plena básicamente significa estar arraigado en el momento, consciente de lo que siente tu cuerpo y piensa tu mente.  Es un estado poderoso porque cuando podés cambiar lo que estás pensando ya no eres esclavo de tus pensamientos.

Mahatma Gandhi dijo una vez: “un hombre es producto de sus pensamientos. En lo que piensa, se convierte”. La ciencia respalda esto.  Según un estudio reciente realizado por el Hospital General de Massachusetts, la atención constante cambia literalmente las neuronas de su cerebro.

Científicos de Harvard también descubrieron que la meditación cambia de manera concluyente y positiva la estructura de su cerebro.

Entonces, si practicas la atención plena en momentos de ansiedad o depresión, y tomas acciones positivas, como enumerar cinco grandes cosas que tienes para ti, tu cerebro transformará tu experiencia a nivel químico. Te conviertes en el autor de tu propia historia de vida.  Pero se necesita práctica para ser consciente. Y se necesita estar dispuesto a dejar de lado nuestras pequeñas historias y objeciones con la vida.

 

 

Ahora, algunas preguntas para que las respuestas limpien y activen la mente:

·         ¿Qué tan consciente sos de tu estado de ánimo?

·         ¿Sos capaz de calmar tu mente?

·         ¿Probaste técnicas o prácticas específicas para facilitar ese proceso de calmar tu mente?

·         ¿Cuáles son las decisiones importantes en un futuro cercano que requieren una mente clara y tranquila?

·         ¿Cuáles son las áreas que requieren un poco de pensamiento fresco?

·         ¿Qué formatos puedes crear para fomentar esa creatividad e intuición?

 

 

Qué tan ocupada está tu mente y cuánto puede frenar la creatividad

 

Mientras uno lee, por ejemplo estas mismas líneas, ¿uno está concentrado en su contenido o a la vez está distraído con diversas otras cosas? Suele pasar, por lo que el desafío es tomar conciencia del estado de ánimo propio y encontrar alternativas para calmar a la mente.

Existen cuatro estados de ánimo diferentes que viven en la mente:

·         Cuando uno está completamente inmerso en la historia de un libro o disfruta de una película emocionante y el tiempo pasa volando probablemente uno esté en pleno estado Alfa. Hay alrededor de 10 ciclos de ondas cerebrales por segundo en el cerebro. Este es un gran estado para aprender.

·         Sin embargo, si alguien está en el modo multitarea, escribiendo correos electrónicos y al mismo tiempo pensando en la lista de cosas para hacer y, por ejemplo, en el hambre, podría obtener hasta 40 ciclos de ondas cerebrales por segundo. Esto se llama el estado Beta. Uno podría ser capaz de hacer muchas tareas pequeñas de alguna manera superficialmente, incluso podría estar orgulloso de la cantidad de trabajo que puede hacer. Pero al observarlo con un poco de distancia, es probable que ninguna idea revolucionaria esté saliendo de nuestras cabezas.

·         ¿Y esas grandes ideas que surgieron en la ducha? ¿O durante el running matinal? ¿O cuando casi dormitando en el subte apareció en la mente ese nombre del viejo conocido que se había cruzado el día anterior en la calle y no lo recordaba? Esos momentos de lucidez solo ocurren cuando se derrumban los ciclos de ondas cerebrales muy por debajo de 10. Este es el estado Theta. Este estado es ideal para idear, para la creatividad, para pensar fuera de la caja.

·         Finalmente, está el estado Delta; esto ya podría estar en un modo meditativo, o soñar despierto. La intuición aparece fuertemente aquí, también lo hace la empatía, la capacidad de sentir el mundo que te rodea, conectar con otras personas.

Una conclusión en base a esta simple categorización es clara: si alguien está buscando ideas innovadoras, que rompan el molde, no va a llegar allí mientras la mente se alimenta de ocupaciones. Dicho de otra manera, alguien mente está a punto de crear un nuevo concepto, idea o genialidad, podría muy bien parecer un soñador de día y no exactamente parecer un empleado trabajador.

La segunda pregunta es: ¿cómo se puede llegar de Beta a Alpha; y aún más importante para Theta y Delta? ¿Hay alguna manera de ralentizar deliberadamente el cerebro y prepararlo para la idea, la intuición o la empatía?

Para muchas personas la meditación es una práctica útil para calmar su mente. Hay gente que es capaz de llegar de Beta a Theta en un par de minutos. Muchas prácticas espirituales han estado utilizando herramientas para ralentizar y mejorar la conciencia. Y sí, también hay todo tipo de sustancias, tanto naturales como sintéticas que han sido utilizadas durante siglos por los hombres de la medicina indígena o en formatos psicodélicos modernos. Hay bastante ruido sobre el aumento del uso de sustancias en Silicon Valley y más allá para ampliar la conciencia y fomentar la creatividad y el rendimiento al mando.

Otra opción que es dejarse llevar para que la naturaleza haga su trabajo. Disfrutar de ella y en particular en las montañas tiene un efecto calmante inmediato. El aire fresco y el movimiento lento en la naturaleza estimulan aún más el cuerpo. Se hace más fácil estar en el momento, usar y realmente agudizar sus sentidos.

Muchos pensadores famosos han hablado sobre su fuerte relación e inspiración por naturaleza, por ejemplo, CG Jung o Albert Einstein.

Intuitivamente hemos estado sugiriendo que celebramos nuestros talleres en lugares inspiradores de la naturaleza. Caminamos y hablamos y comenzamos la mañana con un poco de ejercicio físico o meditación para crear un estado de ánimo diferente. En el futuro enriqueceremos aún más estos elementos de nuestros talleres y experimentaremos con innovaciones creativas.

Ahora, algunas preguntas para que las respuestas limpien y activen la mente:

·         ¿Qué tan consciente sos de tu estado de ánimo?

·         ¿Sos capaz de calmar tu mente?

·         ¿Probaste técnicas o prácticas específicas para facilitar ese proceso de calmar tu mente?

·         ¿Cuáles son las decisiones importantes en un futuro cercano que requieren una mente clara y tranquila?

·         ¿Cuáles son las áreas que requieren un poco de pensamiento fresco?

·         ¿Qué formatos puedes crear para fomentar esa creatividad e intuición?

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