Los comportamientos individuales determinan el funcionamiento de los
equipos y el éxito de la gestión. La distinción entre ser reactivo o proactivo
adquiere relevancia, por cuanto permite enfocar mejor los esfuerzos hacia la
solución de los problemas.
Las personas
proactivas tienen iniciativa propia, suman, hacen que su labor valga la pena y
que su tiempo sea aplicado convenientemente en llevar adelante los asuntos.
También toman decisiones, participan en un sentido colaborativo y
promueven una gestión de calidad.
Por el contrario, aquellas personas reactivas tienen dificultades para
asumir sus errores, demoran encarar las soluciones, suelen echar la culpa a los
demás, se excusan y están “con el termómetro recalentado” a cada momento. Como
no se hacen cargo, molestan y son altamente contraproducentes para los demás,
en todos los niveles.
¿Conoces personas así, en uno u otro lado?
·
Características de las personas proactivas versus
reactivas
Si bien el rasgo de la iniciativa es
uno de los más sobresalientes, quienes son proactivos hacen
que las cosas funcionen. Para lograrlo, combinan tres aspectos:
. Una elección consciente: piensan,
procesan y escogen sólo aquello que suma, dejando de lado todo lo que no es
relevante.
. Una actitud apropiada: lejos de
saltar por cada problema que se presenta, tiene el temple interno suficiente
para encarar las situaciones enfocándose en la solución, no en el problema.
. Inteligencia emocional ante cada
situación: buscan crear un entorno apropiado que facilite la resolución de
los conflictos y atravesar las dificultades. Generan respeto y confianza.
Características básicas proactivas: empatía,
comunicación asertiva, entendimiento, cercanía, búsqueda de respuestas,
indagación consciente, cordialidad, tiende puentes, busca puntos en común.
En oposición, las personas reactivas, a su vez, se expresan
permanentemente alternando estos tres comportamientos:
. Sobredimensionan las emociones
tóxicas: las reacciones desbordadas son típicas, provocando que los colaboradores
les huyan y que, incluso, generen miedo.
. No toman acción y entran en una falsa
distracción: el estallido emocional les impide ver con claridad el curso de acción, y
su nivel de responsabilidad en el asunto.
. Se enfocan en el problema: la persona reactiva
mira solo el desafío; le “parece” que está haciendo algo al reaccionar, aunque
no genera nada nuevo. Crea desconfianza y produce alejamiento con el entorno,
además de dilatar la resolución de temas.
Características básicas reactivas: descontrol,
eludir el involucramiento personal, responsabilizar a otros, desprecio, enojo,
ira, inacción, crean más problemas, estrés, maltrato; rebeldía que se
manifiesta en inacción (no producen nada nuevo ni superador).
·
Dinámica del círculo de influencia
Como somos seres sociales, se establecen ciertas dinámicas de vida en
cualquier ámbito determinadas por el entorno. Dentro de él, es que existe el
llamado círculo de influencia.
El círculo de influencia es tu espacio personal en el que te centras
para operar los cambios. Básicamente hay dos formas de hacerlo: centrado todo
en ti (mirarse el ombligo todo el tiempo), o centrado en la solución (efecto
expansivo).
La persona proactiva se centra
desde si en hacer su mejor aporte hacia los demás, quedando satisfecha con el
resultado. Proyecta su acción hacia el bien mayor. En cambio, el reactivo se centra siempre en sí; la única
perspectiva que vale es la suya; cree que su mirada es la más valiosa; y busca
que todo gire a su alrededor.
Una persona
reactiva deteriora su posibilidad de acción hacia el bien mayor, buscando
quedar falsamente realzado con su reacción negativa.
·
Algunas definiciones de proactividad
En prácticamente todos los perfiles de búsquedas laborales aparece la
noción de “proactividad” como un valor esencial. El autor Ralph Schwarzer lo
asocia con la creencia de una persona en el poder que tiene para mejorarse a sí
mismo, con cierta sensación de suficiencia y control bien entendido para
liderar los problemas. En una mirada coincidente, el especialista en
productividad Stephen Covey lo asocia con la capacidad de auto liderarse con
todo lo que hace falta. Bateman y Crant hablan del concepto de ser un agente de
cambio, ya que el enfoque de las personas proactivas es el de la mejora
continua.
·
Cómo cambiar de reactivo a proactivo
Para tomar consciencia del comportamiento reactivo y cambiar hacia la
polaridad de proactivo, es posible seguir estos tres consejos.
1. Evita accionar en
caliente
Desde la práctica conductual es fundamental frenar a tiempo y no dejarse
llevar por impulsos. Tomar pausas, no dar respuestas inmediatas en asuntos
complejos, advertir al otro cuando se está en proceso convulsionado emocionalmente,
son todas herramientas que ayudan a un sano auto control. El resultado será
obtener mayor calma para resolver los problemas; no deteriorar los vínculos y
empezar a observarse como un co-creador responsable de todo lo que deba
afrontarse.
2. Utiliza lenguaje
opuesto al usual en modo reactivo
Esta distinción es fundamental, ya
que, siempre, puedes elegir la respuesta. Cambia tu lenguaje y cambiarás tus
resultados. Las personas reactivas dicen
frecuentemente: no puedo hacer nada, yo soy así, no entiendo
como…, tengo que hacer todo yo, no puedo, debo hacer tal cosa, es imposible.
En cambio, el lenguaje proactivo es completamente diferente y se
enfoca en hacer su parte del asunto: veamos qué alternativas
tenemos, controlaré mis emociones, buscaremos las palabras apropiadas, elegiré
una mejor respuesta, voy a hacerlo paso a paso, propondré este cambio.
3. Haz cosas
diferentes, actuando de maneras distintas todo el tiempo
Es posible elegir ser proactivo si se actúa de una manera diferente. Lo
importante es tener la conciencia en el momento apropiado, para reencauzar la
emoción negativa en automático -típica de la reactividad-, y conducirla a un
estado diferente. Como la mayoría del tiempo estamos en el modelo ACCIÓN /
REACCIÓN, será muy importante generar un link interno apropiado ante la ACCIÓN
para evitar que la REACCIÓN sea desproporcionada y emocionalmente
distorsionada. En vez de sobre reaccionar, la propuesta es asumir un proceso
interno profundo para reconducir las emociones dominantes hacia otras más
positivas. Herramientas para lograrlo: salir
de la zona de confort; pensar fuera de la caja; analizar el propósito mayor de
lo que desea ser resuelto; tomar conciencia del estado interno en estado de
reacción, y cómo quisiera estar en modo proactivo (seguramente, más sereno,
calmo, abierto y empático).
NO DEJES PARA MAÑANA…
La frase, remanida y hecha cliché, sigue
vigente a la hora de ponerle un punto final a la costumbre de procrastinar las
tareas: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”.
Y surge
como una regla básica para cambiar los malos hábitos, porque la procastinación
es un enemigo de la productividad e impide aprovechar todo el potencial de cada
uno.
Antes de
empezar es recomendable definir los objetivos. Y saber organizar el tiempo.
Cuando uno trabaja tiende a tener múltiples tareas y objetivos. Lo recomendable
es ponerle horario a casa actividad o tarea y cumplirlo. Claro que también es
importante establecer un orden de importancia entre ellas, de lo más importante
a lo menos.
Para bajar
el nivel de procastinación, siempre es bueno recomendar buenas prácticas. Aquí
una lista de diferentes estrategias, algunas simples y otras no tanto, que
combinadas o independientes pueden ayudar:
1.
Utiliza la “Regla de los Dos Minutos” que dice que si estás planificando una
acción que se puede hacer en menos de dos minutos, no la planifiques; hazla.
Puedes extender ese tiempo a 5 ó 10 minutos. Si haces de esta regla un hábito,
habrá una multitud de tareas que no vas a tener la oportunidad de posponer.
2. Da un
pequeño primer paso. Si temes a una tarea por el motivo que sea, plantéate
trabajar solo 5 minutos y dejarlo. Cuando empiezas a trabajar el miedo se
desvanece y coges inercia para continuar y terminar el trabajo. Al dar el
primer paso vences esa resistencia y empiezas a ver de otra manera cosas que
antes te parecían imposibles.
3. Las
rutinas ayudan. Si conviertes las tareas repetitivas y aburridas en rutinas,
terminarás haciéndolas sin apenas esfuerzo. Las rutinas son hábitos o
costumbres que haces de forma casi inconsciente y simplifican tu vida.
4. Toma
decisiones. Muchas veces vas aplazando una tarea inconscientemente, simplemente
porque no te paras a pensar en ella. Dedica un par de minutos para aclarar qué
significa realmente esa tarea y toma una decisión al respecto. Puede que
decidas demorarla de una manera racional, en cuyo caso no estás procrastinando
y no te sentirás mal por ello.
5. Aprende a decir no. Apuesto a que muchas de las tareas que
pospones son compromisos que te has buscado por no saber decir que no.
6. No
tengas miedo a abandonar. Puede que no sea el momento de hacer algo. A veces
creemos que tenemos que hacer algo simplemente porque lo hemos empezado. Si el
tiempo hace que ese proyecto ya no tenga tanto sentido o no sea lo suficientemente
importante, simplemente déjalo y haz otras cosas. Esperar no significa.
7.
Gestiona tu energía, no tu tiempo. Es importante que trabajes en tus mejores
momentos. Si estás agotado o de mal humor, tus probabilidades de procrastinar
aumentan considerablemente.
8.
Establece una recompensa para cuando termines esa tarea que se resiste.
Motívate pensando en lo que harás después de hacerla—algo que realmente te
apetezca, te relaje y no suponga ningún esfuerzo. Define tus propios
incentivos.
9. Utiliza
una lista de tareas corta. Una lista larga puede arruinar tu sensación de
control y convertirse en una fuente de estrés y frustración. Cuanto más corta
sea tu lista de próximas acciones más fácil te resultará estar focalizado en lo
que de verdad tienes que hacer.
10.
Utiliza herramientas que te gusten. No quieras hacerlo todo con una hoja de
papel y un lápiz. Usar elementos atractivos puede ayudarte a empezar con más
ganas una determinada tarea.
11.
Revisa regularmente tus objetivos. Si una tarea es complicada, incierta o
aburrida, pero es importante para lograr un objetivo siempre presente esa meta
debería ayudarte a no procrastinar.
12. Evita las distracciones. Cuantas más tentaciones tengas para
hacer otra cosa en vez de lo que tienes que hacer, más fácil será procrastinar.
Mantén el móvil, las notificaciones y el acceso a internet desconectados cuando
te dispongas a afrontar tareas complicadas.
MINDFULNESS
Mindfulness fue traducido al español de muchas maneras:
Atención/Conciencia Plena; Mente Plena; Presencia Mental, entre otras.
Para el Dr. Jon Kabat-Zinn, es “prestar atención de manera intencional,
al momento presente, sin juzgar”.
Suena fácil y lo es porque no es más que esto. Su desafío reside en el
compromiso a practicarlo. El Mindfulness es una práctica, es decir que no
sucede por sí sola, automáticamente. Lo debemos hacer y aquí lo “intencional”
que menciona la definición de Kabat-Zinn. Hay que comprometerse a hacerlo y con
el tiempo se vuelve sí parte de nuestra manera de vivir, se vuelve una
filosofía de vida.
Es un proceso activo que requiere energía y esfuerzo hasta que se vuelve
familiar y un hábito. “Prestar atención” significa indicarle a la mente que se
enfoque en algo en particular; y en la práctica del Mindfulness esto es en la
respiración o en las sensaciones del cuerpo usando los cinco sentidos. Esto
funciona como anclaje de la atención. ¿Por qué la respiración y las sensaciones
corporales? Porque es lo que existe en este instante.
Aprendemos así a reconocer y ponerle nombre a lo que está sucediendo en
nuestras vidas aquí y ahora, en el momento presente. Tomamos conciencia y
conocimiento de nuestra realidad; de lo que sentimos y pensamos saliendo del
piloto automático para vivir una vida equilibrada y coherente atendiendo de
forma integral al cuerpo, mente y espíritu.
La práctica sostenida del
Mindfulness nos ayuda a recuperar los sentidos, la capacidad de percibir y vivir
experiencias más enriquecedoras tomando un rol activo en
el proceso de mejorar la calidad de nuestra vida. Disminuyen los niveles
de ansiedad y de estrés que generan gran cantidad de enfermedades hoy.
Permitirnos estar donde ya estamos y familiarizarnos con nuestras propias
experiencias presentes, momento a momento. Porque “solo tenemos momentos para
vivir”.
El Mindfulness no intenta cambiar ningún estado sino conectar con él,
ponerle conciencia a eso que siento y si mi atención permanece ahí, los estudios
han demostrado que esa sensación o dolor disminuye o desaparece y así también
aprendo que todo fluye, va y viene y nada es para siempre. Que no se trata de
evitar sino de estar con eso que percibo.
Y solo existe el momento presente, el pasado ya sucedió y es un
recuerdo; el futuro aún no ha llegado; es más nunca llega porque cuando lo que
soñé o planifiqué llega, se da en el momento presente sino no existiría más que
en un deseo o una lista.
Lo único real es este momento al que anclamos con una inhalación y
exhalación o las sensaciones corporales. Si no estoy presente, en eje, en mi
propia piel viviendo y aceptando quién soy, mis fortalezas y flaquezas no puede
habitar la coherencia para liderarme y liderar a otros.
Interpreto a la sustentabilidad como un estado que logro cuando mi
mente, cuerpo y espíritu están alineados; o en otras palabras lo que pienso,
siento y hago está alineado, hay coherencia. Entonces sí, es en ese momento
donde todo lo que hago es auténtico y perdura, se sustenta.
El Mindfulness es una disciplina contemplativa, ancestral que se
practica desde hace miles de años en culturas orientales. Con base científica;
Kabat-Zinn, biólogo molecular y médico estadounidense, adaptó lo que tomó del
budismo y el yoga a lo que hoy conocemos en occidente como Mindfulness,
separando la religiosidad o misticismo para que sea compatible con nuestro
contexto de vida occidental y sus beneficios lleguen a todos y sean aplicados
en todos los ámbitos de la vida. El fue quien a fines de los 70 impulsó
en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts, la Clínica de
Relajación, que luego se llamara Clínica de Reducción de Estrés basada en
Mindfulness y desde allí difundió su programa MBSR (Mindfulness Based Stress
Reduction) a todo el mundo.
Kabat-Zinn propone una práctica formal diaria de unos 40’ y prácticas
informales cortas donde se lleva la atención a situaciones cotidianas como
caminar, lavarse los dientes, escribir un informe o simplemente escuchar.
Personalmente, hoy solo practico las informales porque siento un enorme
beneficio en vivir recordándome de estar presente en todo momento.
Esta es realmente la esencia del Mindfulness o atención plena. La
atención plena básicamente significa estar arraigado en el momento, consciente
de lo que siente tu cuerpo y piensa tu mente. Es un estado poderoso
porque cuando podés cambiar lo que estás pensando ya no eres esclavo de tus
pensamientos.
Mahatma Gandhi dijo una vez: “un hombre es producto de sus pensamientos.
En lo que piensa, se convierte”. La ciencia respalda esto. Según un
estudio reciente realizado por el Hospital General de Massachusetts, la
atención constante cambia literalmente las neuronas de su cerebro.
Científicos de Harvard también descubrieron que la meditación cambia de
manera concluyente y positiva la estructura de su cerebro.
Entonces, si practicas la atención plena en momentos de ansiedad o
depresión, y tomas acciones positivas, como enumerar cinco grandes cosas que
tienes para ti, tu cerebro transformará tu experiencia a nivel químico. Te
conviertes en el autor de tu propia historia de vida. Pero se necesita
práctica para ser consciente. Y se necesita estar dispuesto a dejar de lado
nuestras pequeñas historias y objeciones con la vida.
Ahora, algunas preguntas para
que las respuestas limpien y activen la mente:
·
¿Qué tan consciente sos de tu estado de ánimo?
·
¿Sos capaz de calmar tu mente?
·
¿Probaste técnicas o prácticas específicas para facilitar ese proceso de
calmar tu mente?
·
¿Cuáles son las decisiones importantes en un futuro cercano que
requieren una mente clara y tranquila?
·
¿Cuáles son las áreas que requieren un poco de pensamiento fresco?
·
¿Qué formatos puedes crear para fomentar esa creatividad e intuición?
Qué tan ocupada está tu mente y cuánto puede frenar la creatividad
Mientras
uno lee, por ejemplo estas mismas líneas, ¿uno está concentrado en su contenido
o a la vez está distraído con diversas otras cosas? Suele pasar, por lo
que el desafío es tomar conciencia del estado de ánimo propio y encontrar
alternativas para calmar a la mente.
Existen cuatro
estados de ánimo diferentes que viven en la mente:
·
Cuando uno está completamente inmerso
en la historia de un libro o disfruta de una película emocionante y el tiempo
pasa volando probablemente uno esté en pleno estado Alfa. Hay alrededor de 10
ciclos de ondas cerebrales por segundo en el cerebro. Este es un gran estado
para aprender.
·
Sin embargo, si alguien está en el modo
multitarea, escribiendo correos electrónicos y al mismo tiempo pensando en la
lista de cosas para hacer y, por ejemplo, en el hambre, podría obtener hasta 40
ciclos de ondas cerebrales por segundo. Esto se llama el estado Beta. Uno podría ser
capaz de hacer muchas tareas pequeñas de alguna manera superficialmente,
incluso podría estar orgulloso de la cantidad de trabajo que puede hacer. Pero
al observarlo con un poco de distancia, es probable que ninguna idea
revolucionaria esté saliendo de nuestras cabezas.
·
¿Y esas grandes ideas que surgieron en
la ducha? ¿O durante el running matinal? ¿O cuando casi dormitando en el subte
apareció en la mente ese nombre del viejo conocido que se había cruzado el día
anterior en la calle y no lo recordaba? Esos momentos de lucidez solo ocurren
cuando se derrumban los ciclos de ondas cerebrales muy por debajo de 10. Este
es el estado Theta. Este
estado es ideal para idear, para la creatividad, para pensar fuera de la caja.
·
Finalmente, está el estado Delta; esto ya podría
estar en un modo meditativo, o soñar despierto. La intuición aparece
fuertemente aquí, también lo hace la empatía, la capacidad de sentir el mundo
que te rodea, conectar con otras personas.
Una conclusión en base a esta simple categorización es
clara: si alguien está buscando ideas innovadoras, que rompan el molde, no va a
llegar allí mientras la mente se alimenta de ocupaciones. Dicho de otra manera,
alguien mente está a punto de crear un nuevo concepto, idea o genialidad,
podría muy bien parecer un soñador de día y no exactamente parecer un empleado
trabajador.
La segunda pregunta es: ¿cómo se puede llegar de Beta a Alpha; y
aún más importante para Theta y Delta? ¿Hay alguna manera de ralentizar
deliberadamente el cerebro y prepararlo para la idea, la intuición o la
empatía?
Para
muchas personas la meditación es una práctica útil para calmar su mente. Hay
gente que es capaz de llegar de Beta a Theta en un par de minutos. Muchas
prácticas espirituales han estado utilizando herramientas para ralentizar y
mejorar la conciencia. Y sí, también hay todo tipo de sustancias, tanto
naturales como sintéticas que han sido utilizadas durante siglos por los
hombres de la medicina indígena o en formatos psicodélicos modernos. Hay
bastante ruido sobre el aumento del uso de sustancias en Silicon Valley y más
allá para ampliar la conciencia y fomentar la creatividad y el rendimiento al
mando.
Otra
opción que es dejarse llevar para que la naturaleza haga su trabajo. Disfrutar
de ella y en particular en las montañas tiene un efecto calmante inmediato. El
aire fresco y el movimiento lento en la naturaleza estimulan aún más el cuerpo.
Se hace más fácil estar en el momento, usar y realmente agudizar sus sentidos.
Muchos
pensadores famosos han hablado sobre su fuerte relación e inspiración por
naturaleza, por ejemplo, CG Jung o Albert Einstein.
Intuitivamente
hemos estado sugiriendo que celebramos nuestros talleres en lugares
inspiradores de la naturaleza. Caminamos y hablamos y comenzamos la mañana con
un poco de ejercicio físico o meditación para crear un estado de ánimo
diferente. En el futuro enriqueceremos aún más estos elementos de nuestros
talleres y experimentaremos con innovaciones creativas.
Ahora,
algunas preguntas para que las respuestas limpien y activen la mente:
·
¿Qué tan consciente sos de tu estado de ánimo?
·
¿Sos capaz de calmar tu mente?
·
¿Probaste técnicas o prácticas específicas para facilitar ese
proceso de calmar tu mente?
·
¿Cuáles son las decisiones importantes en un futuro cercano que
requieren una mente clara y tranquila?
·
¿Cuáles son las áreas que requieren un poco de pensamiento
fresco?
·
¿Qué formatos puedes crear para fomentar esa creatividad e
intuición?
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